Christopher Krywonis
foto Laura Tenenbaum
07/07/2015 Gourmet
A punto de lanzar la primera temporada de Masterchef Junior, Christophe Krywonis habló sobre su vida, su trabajo y su pasión por nuestro país. “De ninguna manera volvería a Francia. Vivo feliz acá”, aseguró

Fotos: Laura Tenenbaum/ Diario Popular
Nota aparecida en (http://www.diariopopular.com.ar/notas/231469-el-peor-error-que-cometi-la-cocina-fue-trompear-un-ex-jefe)
Por María Belén Gutierrez Sieiro (@Belengsieiro)

Es tanto o más imponente que como se lo ve en la televisión. No solamente sabe de ollas y sartenes, también conoce a la perfección cómo son los medios y con la misma seriedad con la que prepara un plato, contesta cada pregunta. “No te creas que cuando grabamos estamos comiendo y bebiendo y pasándola bomba. Es trabajo y yo lo tomo así”, define.

Vestido con una boina negra, una chalina lila, saco y pantalón negro, Christophe Krywonis es casi tan argentino como francés. Pese a haber venido a nuestro país hace 26 años, conserva casi de forma intacta su acento aunque supo adoptar bien el lunfardo y el estilo de vida de la Argentina.

“Llegué en el ’89 de la mano de un amigo uruguayo que hoy tiene un restaurant en Uruguay. Me preguntó si quería trabajar con Francis Mallman en Las Leñas. Y nunca más me fui de este país“, resume a DIARIO POPULAR uno de los jurados de Masterchef.

“Lo que más incorporé fue la forma de vida de Argentina. Esa forma de llevar las cosas, como vivir los momentos difíciles y alegres. Me encanta esa manera de ser del argentino”, cuenta y asegura que “de ninguna manera” volvería a vivir en Francia. “Los argentinos me tratan muy bien. Vivo feliz. Vivo cómodo”, resume.

Hace pocos días regresó de su país de origen, en donde se encontró con su mamá, a la que visita ni bien se hace un hueco en su atareada agenda. “Trabajo mucho. El trabajo no corresponde a las vacaciones de ellos y estar con mi mamá cinco semanas no puedo. Es imposible. Somos como el aceite y el vinagre. En un momento se disocia y no podemos hacer vinagreta juntos. Voy a verla y vuelvo”, afirma risueño.

Christophe disfruta mucho de su presente no solamente en Masterchef de adultos, sino también en la edición Junior que este viernes se estrena en la Argentina. “La diferencia es que los chicos a priori tienen buena disposición a aprender, a escuchar, a desafiarse a sí mismos.  Son menos cerrados, entonces es mucho más agradable. Los grandes vienen con un preconcepto de la vida, y un orgullo de adultos que los hace un poco cuadrados, y es ahí donde entra Christophe con sus palabrotas y su carácter tan característico”, lanza con una sonrisa.

Para realizar el programa, los jurados tuvieron varias reuniones en las que aprendieron a tratar con los pequeños participantes. “Es importante que se sepa que a nivel legal no trabajaron más de cinco horas por día, no más de dos días seguidos. Los papás estaban presentes. Fuimos bastante cautelosos. El cuidado de los chicos fue lo más importante”, asegura.Para Christophe la cocina no es un juego. Afirma que en la vida real puede ser mucho peor que lo que se muestra por televisión y que el secreto para triunfar en la gastronomía pasa por tres pilares: la cocina, la atención y la contabilidad.

De hecho, ahora está en la búsqueda de un nuevo local para montar un nuevo restaurant. Pero lejos de los espacios reducidos y exclusivos, la mira está puesta en un lugar en donde confluyan distintas edades y  horizontes socioculturales.

“La idea del restaurant nuevo es una brasserie, una confitería, por decirlo de alguna manera. Soy bastante buen anfitrión. Espero ser tan buen cocinero como anfitrión y la idea es hacer un restaurant popular. No en el sentido de bueno y barato sino de bueno, con buen gusto, y de cierta manera homenajear a Argentina”, afirma.

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Su gran amorSiempre tuvo en claro dos cosas: que quería ser cocinero y que quería viajar. Por eso estudió cocina, aunque nunca se recibió. “Soy un rebelde. Lo hice para joder a mi vieja en su momento y después pasó el tiempo. Pero yo recomiendo estudiar. Es importante el intelecto. Porque si no, no está bien. Tenés que leer, viajar. Tenés que saber crecer intelectualmente”.

Asegura que existe un abismo entre la escuela y la práctica y que uno de los errores más frecuentes de las nuevas generaciones es que piensan que salir con el diploma es directamente proporcional a ser chef.

“Es muy notable los chicos que salen de escuelas, con el título y te dicen que quieren un puesto de cocinero. Y le preguntás si trabajó en una cocina y te dicen que no. Entonces le decís: ‘Bueno, ponete a pelar papas’ y ellos se enojan y te dicen: ‘¡Eh, pero no estoy para eso!’. Bueno, entonces andate”, resume.

Su personalidad taxativa y frontal no es un producto de Masterchef. Muy por el contrario. Aún recuerda cuando era aprendiz y lo echaron por pegarle una trompada a su jefe en el ojo. “Ese fue el peor error que cometí en la cocina”, admite.

A la fama la respeta pero no la sobrevalora. Sabe que su reconocimiento se lo lleva tanto su talento como su carácter bien distintivo que el público tanto quiere. “¿Cuánto hay de mí en lo que se ve en el programa? Todo. No hay otro. Soy así“, concluye.

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